Un placer y una pena

En el espacio que hay entre mis labios y mis dientes

justo pegado a la encía

como si fuese un resto de comida

Guardo un placer

Y una pena

De no hacerte cosas sucias y preciosas

De no escucharte decir boberías

De no verte marchar por el portal

Ansiando feroz rebobinar la cinta

De no echarte de menos y de más

De no escucharte trastear en la cocina

De no matarte con mis manos lentamente

Y no escuchar con delicia tu agonía.

Una pena y un placer

Una náusea y un suspiro

Que me dan ganas de llorar y de correrme

De tenerte y de temerte

De dormir y de gritar.

De que alguien me despierte

Y que nunca

Por favor

seas tú.

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Aunque seas rara y seas pájaro

Ojalá unas alas gigantes para salir volando hasta tu casa.

Ojalá un pico alargado, duro y amarillento para picotearte en la ventana.

Ojalá tú preguntando qué haces aquí.

Y yo como Pues nada, chiqui, no te vayas a pensar lo que no es, me cuadraba completamente de paso.

Y ojalá las alas entonces manos para poder acariciarte encima de los párpados, justo donde nace un pensamiento que te aterra.

Ojalá el pico entonces boca para poder besarte muy despacio y convertir todo esto en algo lógico, trazar con mi lengua y mis dientes un sentido, unas líneas.

Ojalá tú un Me gustas mucho. Aunque seas rara y seas pájaro.

Ojalá las manos magia para deshacer todo lo que te está doliendo. Todo lo que te callas.

Ojalá la boca tierra para tapar el hueco

hondo

que te ha escarbado el tiempo con las uñas en el pecho.

Ojalá, otra vez, la boca pico. Las manos alas.

Para poder marcharme rápido.

Antes de que la cagues.

Porque tú

siempre

la cagas.

Megamurciélago

Cómo vas a entenderme

si tengo un volcán

entre las tetas y el ombligo

que chilla por las mañanas,

desesperado.

Cómo vas a entenderme

si he peleado a mordisco limpio por subir a lo más alto. Y, una vez arriba,

he añorado el frío cemento

en mi mejilla.

Si no quiero abrirte la puerta de mi casa

No voy a abrirte la puerta de mi casa

pero me muero

me muero

me muero

por que llames al timbre.

Si repasando todas mis fotos me siento un fraude, si tengo que esforzarme mucho para empoderarme,

cómo vas a entenderme.

Si cuando me corro

me nacen alas de murciélago gigante de Filipinas y me marcho

tan

lejos

de

ti

como pueda.

Cómo vas a entenderme si no quiero que me llames, no quiero que insistas más.

Pero he escuchado el audio que me has enviado

Mil

Doscientas

Trescientasmil

veces.

Si a veces se me desborda el tiempo por los dos lados de la cama

pero me parece la vida insuficiente.

Si te quiero,

pero no puedo quererte

ni para mí

ni como los demás

ni viviendo juntos

ni para siempre.

Si ni siquiera yo sé traducirme.

cómo vas a entenderme.

La casa hecha con colillas y arroz

Que se sentaba a fumar un cigarro mirándome de frente y me decía: cuéntame todas esas cosas. Y las contaba y a veces lloraba y otras me reía y otras las decía pero en silencio.

Y las cogió y las guardó dentro de una bolsa del eroski que ató con dos nudos. Le dio unas patadas, la lanzó contra la lámpara y me dijo. Estas cosas ya no te van a doler más, y no voy a dejar que las toque nadie.

Construyó para mí una fortaleza con un cenicero lleno de colillas, con un poco de arroz.

Fabricó de la

puta

nada

un bálsamo contra la angustia que guardaba debajo de la lengua, y me lo restregó todas las noches por el pecho.

Yo convertí Madrid en un lugar mejor escribiéndole mi amor y mi rabia en el suelo.

Y todas aquellas cosas,

dice

que mañana serán el polvo de debajo del sofá de su antiguo piso.

Donde ya no vive.

Donde hay alguien haciendo el amor, alguien que no conocemos y que no nos conoce. Y que está teniendo orgasmos

creando nuevos recuerdos

que le dolerán mañana

cuando tenga que quemarlos

y mirar hacia delante.

Alguien que cree que está siendo feliz.

Encima de nuestras cenizas.

Callos o tortilla

La camarera te pregunta si de pincho quieres callos o tortilla

y tú sólo tienes

ganas de morirte.

El mundo te queda tan incómodo de repente.

Y él te dice

Me gustaría que las cosas fueran distintas.

Joder, claro.

Y a mí me gustaría tener un culo pequeñito y respingón.

Sacarme una oposición.

Ser la razón de tus ojeras.

Que te duela como nunca descubrir que guardas células muertas de mis muslos en tus uñas cuando estés acariciando a otra.

Que hubiese Suchard todo el año.

Que la poesía me hiciera rica.

Echarte un polvo aquí encima de la mesa y después comerme el pincho de tortilla tranquilamente como toda esa gente, o los callos, porque la tortilla igual lleva cebolla y ya sabes que la cebolla me mata.

.

.

.

La servilleta de papel que retorcí el día que cortaron conmigo en un bar la tengo enmarcada.

Porque cuando el dolor se convierte en recuerdo, todo el universo cobra sentido, y te deja una cicatriz en los labios que te pone

más guapa

más libre

más ligera.

Porfavorporfavor

Ha venido el miedo a mi casa.

Me ha cogido el miedo en brazos

y me ha llevado al cuarto.

Me ha hecho el amor lento y me ha acariciado el pelo.

Me he quedado dormida sobre su pecho y le he contado que de pequeña me ponía una tirita en el ombligo porque decían que así no me marearía en el coche.

Ha hurgado el miedo con sus dedos dentro de mi estómago y entre jugos gástricos y asquerosidades se ha encontrado todas las cosas que no me atreví a decirte.

Y las ha manoseado

Y se las ha metido en la boca mientras me miraba

y me ha hecho sentir incómoda

y repugnante.

Me ha hecho sentirme muy sola.

Y aún así, con el estómago abierto, y la cama empapada de inseguridades,

le he suplicado al miedo

que

por favor

no se vaya,

que por favor se quede a dormir,

que por favor me abrazase esta noche, aunque solo sea esta noche,

aunque luego nunca más,

aunque nos convirtamos en desconocidos mañana siendo hoy casi sin querer la misma persona.

Que por favor por favor se tumbase a mi lado

y me dijese algo bonito como que mis pestañas son

tan largas

que le da frío si entrecierro los ojos.

Que soy una ladrona de nórdico

una acaparadora de todo lo bonito

y que el que primero se duerma pierde.

Le he llorado

“solo esta noche”.

Y se ha quedado.

Y ahora,

nunca más,

podré convencerlo

de lo contrario.

Ojalá vayas por ciencias

“Hola, mi niña”.

Todavía no entiendes

el dolor del que hablan las canciones de tu iphone.

Ni sabes nada de la fuerza y el poder

que te da quedar con quien quieras

donde quieras:

“Te espero en la plaza”

“En 10 min estoy ahí”

“A las 5 en mi casa”.

No sabes casi nada

del temor que se esconde en cada esquina.

Y cuando vayas a cumplir treinta

te preguntarás “qué pasó”

con todo aquello que tenías,

las cosas que el tiempo colocó

“en bandeja de plata”

ante tus ojos.

Pero “tú tranquila”,

“no creo” que nadie pueda enseñarte

cuántas veces tropezar

y caer

hasta levantarte y ser tú misma.

Pero puedo despellejarte la verdad

y hacerte spoiler de tu vida

si te cuento que cuando oigas

“Eres distinta a todas, nena”

estás oyendo una mentira.

Porque eres increíblemente igual

de fabulosa

que todas las mujeres valientes que conoces.

No te escondas detrás del miedo para decir

“Pensé que no me iba a aceptar”

a no ser que hables de ti misma.

Porque,

aunque todavía no lo sabes,

a las opiniones de los demás

a veces hay que decirles

“Ok, hasta nunca”.

Acuérdate de hacer sólo aquello que te guste

aunque escuches que te vas a pegar una hostia.

Acuérdate de que todavía estás

a punto de despegar

y puedes llegar a donde quieras

sin billete.

Eso es todo.

Ojalá pudiera enseñarte más.

Contarte todos los secretos.

Adelantarte todas las temporadas.

Sólo puedo decirte que

“Ojalá vayas por ciencias”.

Pero si vas por letras,

acuérdate de rimarlo todo

siempre

con la verdad.

“Te quiero”

“Te quiero”

“Te quiero”

hasta tres veces.

Pero con la boca y todas las letras

en lugar de con el whatsapp.

Peta Zetas

Yo voy a querer

decírtelo con la boca

pero sin las palabras.

Querré llegar como sea

a ese resorte impertinente que te haga mirar el móvil cada cuatro putos segundos

y agarrarlo fuerte con las dos manos

y decirle

Eh

Para.

Que estoy aquí.

Pensando

continuamente

si soy lo suficientemente lo que sea

para ti.

Voy a querer deshacerte la piel con la lengua

como si tus poros fuesen peta zetas.

Querré tocarte sin las manos

tirarte el móvil a la basura.

Prometerte todo lo que no cumpliré

incluso haciendo

por el medio

sin querer

alguna promesa de verdad.

Te querré con esa ansiedad tan típica

que da el miedo a que otra persona

sea la que entorne los ojos

cuando digas una gilipollez

y se sienta atrapada en una depresión

yendo al cine los domingos.

Lo nuestro morirá

un día cualquiera

gris y cutre

un miércoles por ejemplo

de mediados de mes

y seremos los últimos en enterarnos.

Cagar con la puerta abierta

A mi madre le molaba andar desnuda por la casa después de la ducha.

A veces me recordaba tanto a Marge, de los Simpson. Esa pretensión infantil de ser una madre guay y moderna tan abocada al fracaso me producía picores por todo el cuerpo. Sólo el tiempo, los desengaños, llorar de cansancio, trabajar hasta veinticuatro horas seguidas en una tienda y una discoteca, equivocarme continuamente con los hombres y ser incapaz de soportarme a mí misma me demostraron que sí.

Que era una madre guay. Y moderna.

Siempre cagaba con la puerta abierta.

Decía en alto todo, absolutamente todo, lo que se le pasaba por la cabeza.

Comía yogures como si los fuesen a prohibir.

Si le gustaba mucho una canción, se empeñaba en cantarte su parte favorita.

Si le encantaba un libro, se empeñaba en leerte el mejor pasaje.

No le daba vergüenza bailar,

disfrazarse,

gritar,

ni preguntar si no sabía algo.

Me molestaba tanto su naturalidad, su entusiasmo. Mi hermana, mi padre y yo solíamos burlarnos de ella por esas cosas, y a mí me estorbaba muchísimo lo poco que le importaba.

Heredé una carpeta de hojas sueltas que pretendía ser su antiguo diario. Hablaba sin tapujos, como si fuese un diario secreto real, sin pensar en que nadie más lo iba a leer nunca. Antes de quedarse embarazada de mi hermana y de mí, fue a abortar a Portugal. Cuando era novia de mi padre tenía dudas de la relación porque le gustaba demasiado bailar con otros en la discoteca.

Siempre había echado de menos a su padre.

Pero lo más importante era que, aunque a mí me había parecido imbatible y perfecta, la casa siempre limpia, diez horas al día de curro fuera, sonrisa, canciones, besos; a veces estaba hasta las pelotas.

Tenía sólo treinta y ocho años cuando se marchó y me dejó llena de

penas

dudas

y soledad.

Ya sé que hay cosas que sólo puede enseñarte la vida, por muy guay que sea tu madre.

Pero la mía era muy guay.

Y sin saberlo

me enseñó

Que tenía que caminar desnuda por la casa.

Cagar con la puerta abierta.

Comer lo que más me gustase como si lo fueran a prohibir.

Abortar.

Y estar hasta las pelotas.

Pantone 278C

Te echaba tanto de menos

que pinté la habitación del color de tus ojos.

Pero han salido

las cosas

tan mal

entre nosotros

que se han puesto a llorar las paredes.

Se me han mojado

las palabras

y la mesilla de mi abuela.

Se han muerto

ahogadas

las plantas de interior.

Ha llegado el agua

a cubrirme por completo.

Y he llorado.

Pero nadie se hubiera dado cuenta

porque todo estaba empapado.

Cuando comencé a perder el conocimiento,

me arrepentí de no haberte

llamado

para vernos de nuevo

y tomar,

yo qué sé,

unas cañas

lejos de mi casa.

Después el silencio.

Quedó mi cuerpo

inerte

flotando

en mi cuarto inundado.

No estoy muy segura,

pero creo que fuera

se oía

el canto de algunos

pájaros.