Agitar antes de usar


Me has descubierto durmiendo con el ceño fruncido y no he podido confesarte cómo me atormenta en sueños que el tiempo pase sin poder exprimirlo en las madrugadas.

He fingido ser frágil y me has descubierto humana. Llena de cicatrices en el alma y durezas en los pies, de piel suave y mirada fría. Con miedos infantiles y una nariz terrible. 

Y te ha parecido sexy.

Prefería que me condujeras por algún camino fácil sin demasiados sobresaltos, pero ocupaste el asiento del copiloto para observar hasta dónde era capaz de llegar en silencio. 

Creía que me cazarías furtivamente o desprevenida en un safari

Pero me dijiste

No te tengo miedo.

Y me escogiste libre

y sola.

Con la oportunidad de cagarla y marcharme para siempre.

Me preferiste

con los labios sin pintar

y el pelo suelto

sin adornos

preparada

para salir corriendo.

Desecharte y rescatarte


Quiero ser la razón de tus ojeras.

Que te duela

como nunca

descubrir que guardas células

muertas

de mis muslos

bajo las uñas

cuando estés acariciando a otra.

Quiero que no llores

por vergüenza

a que los demás sepan

cómo te destroza mi ausencia.

Que por dentro te rebasen

las lágrimas, el miedo y la pereza

de una vida nueva.

Pero quiero deshacerte

las quejas.

Besarte en la boca.

Pero sobre todo besarte en la pena.

Besarte donde el mundo es un asco.

Besarte por todas partes por si las moscas.

Pero quiero verte fumar.

Quiero cansarte por las mañanas.

Hacerme la intensa.

Hacerte creer que soy distinta

e indomable.

Pero quiero escribirte

un poema corto que nadie entienda.

Fingir que en la literatura todo vale.

Que nunca he visto Gran Hermano.

Que mi ideología no está llena de contradicciones.

Que no te necesito para seguir adelante.

Que no todos estamos igual de solos y de idiotas.

Pero quiero partirte la boca

y morirme en ella.

Destrozarte y consolarte.

Desecharte y rescatarte. 

Reírme de tus amenazas y llorar cuando te marches.

Sábanas seguras

Normalmente es por la mañana.

Entre la realidad y el sueño,

al darte cuenta de que te falta,

sientes que te han robado.

Que alguien ha aprovechado

tu cansancio

para arrebatarte lo que

era

tuyo.

Después se sucede el tiempo

en acontecimientos

desmembrados, 

sin lograr conseguir

una forma equilibrada,

un sentido,

cuando llega el final del día.

Puede que no lo recuerdes

porque el trabajo

te ha engullido hasta los tobillos.

O quizás estés tan ocupado

socializando a lo bestia

que no repares en lo

mucho

que lo echas de menos.

Puede que simplemente

te hayas convertido

en un abanderado 

de

la vida sigue

y que centres tus pasos

siempre en línea recta.

Pero suele estallar 

ese momento

en el que aquella canción 

suena.

Que nadie se come los bordes

de tu pizza.

Que nadie escucha lo que 

realmente

tienes que decir.

Entonces la vida

se llena de su recuerdo

y en cada esquina

el cielo te escupe

su risa en la cara.

Se burlan de ti las barras de los bares. 

Te borran las mañanas

y las vacaciones

y te borran del móvil 

las fotos que nunca os hicisteis.

De pronto todo explota

y la realidad no es más

que su boca

y el movimiento

de sus manos

hablando con otras personas.

La vida es obsesión

de creer que él es

el gran fabricador de orgasmos

ajenos. 

De estar convencido

de que ya no hay más allá

de todo lo compartido

entre las sábanas seguras.

De las canciones y los sueños

y la magia de los sitios comunes.

Pero también

De que la vida sigue.

Aunque todos los días caigan en lunes.

Vamos a suponer que digo verano


Vamos a suponer que digo verano.

Vamos a imaginar que el amor es siempre

tan intenso

como cuando se acaba.

A soñar que tus brazos son casa,

tu pecho el refugio

donde me cobijo

cuando nada va bien

cuando no me sirven los pantalones del Zara

cuando me dicen una grosería

cuando me siento 

sola

e incomprendida

en este mundo tan grande.

Vamos a suponer que existe una forma de arreglar las cosas

sin tener que pasar por el llanto.

Que se mueren

todas las personas

y los compromisos

y las circunstancias

y sólo quedamos

y

yo.

Vamos a suponer que no nos queda más remedio que entendernos y hacernos el amor hasta poblar de nuevo la tierra.

A imaginar que si escribo la palabra “colibrí” con mi lengua en tu espalda te nacerán dos alas gigantescas con las que podrías llegar hasta Tokio sin cansarte. 

Pero vamos a suponer que te quedas.

Que deshago los monstruos que te acechan y que mañana vendrán a buscarte. 

Que todo es posible.

Que digo “verano”

en noviembre.

“Amor” cuando duele.

“Siempre” cuando te marchas.

Y tú te lo crees. 

Hola, mamá


La última conversación que tuve con mi madre fue por teléfono, el día antes de morirse. Sufría las consecuencias de una complicación pulmonar derivada del tratamiento al que la sometían en ese momento. Llevaba puesta, permanentemente, una mascarilla que le proporcionaba oxígeno. Si se la quitaba para hablar su voz era un hilito fino, un silbido, jadeante, como cuando llegaba a casa cargada con las bolsas del super, hasta el coño de que nadie la ayudara. 

Apenas conseguía articular tres palabras seguidas.

La última conversación que tuve con mi madre fue por teléfono y ella no podía hablar. 

Pero me llamó para decirme algo.

Cogió el móvil desde la habitación del hospital aunque hablar suponía para ella correr una maratón a cuarenta grados.

Y cuando descolgué sentí que algo no iba bien, pero decidí mirar a otro lado, como hace la gente con los mendigos que piden a la salida del banco.

Hola, mamá.

Creo que ella también quiso haber olvidado por qué me llamaba. Se quitó la mascarilla y me preguntó entre suspiros qué tal el instituto, o la casa, o las amigas. Y yo le contesté que bien, o que mal, o que nada tenía demasiado sentido.

Te quiero mucho, Lúa.

Y la oí llorar

detrás del teléfono

detrás de la mascarilla

detrás de su preciosa cabeza pelada

detrás de todo aquello 

que le había dolido.

Y creo que con eso ella sólo quería

decirme

Que ya no había nada

de lo que arrepentirse.

Que se iba con espíritu de niña rebelde

porque no quería marcharse. 

Creo que quería decirme

que debía amar sin tapujos

y sin miedos

siempre con la sonrisa puesta.

Que para hacer arroz basta

con un vaso por persona.

Que ojalá no me enamorase de alguien como papá.

Pero que ojalá me enamorase de alguien como papá.

Que no perdiera el tiempo

con cosas que no me gustan.

O al menos no demasiado tiempo.

Creo que tan sólo quería

decirme

que morirse es un asco,

quería ponerse un piercing,

tener un perro,

aprender a conducir,

empezar a envejecer

y no marcharse 

sin saber

que su boca

ha sido revolución

para todos los que la hemos conocido.

Creo que quería decirme

que no podía hacer nada

por ayudarme en mi camino.

Que la escuchaba entonces

y la escucho ahora

marcharse.

Y entre suspiros

levantar los brazos al cielo

como en un abrazo furtivo,

gritando ya sin pulmones

“Mierda para todos,

¡yo vivo!”.

Ninguén me agarda


Sempre soñei con que alguén

viñera rescatarme.

Que viñeran por min.

Cando as augas negras

estaban a piques

de rozar os meus beizos,

anegada,

fantaseaba con que viñeran

recollerme

á saída do traballo.

Sempre soñei

que alguén estivese

agardándome nalgures.

Esperando o meu sinal

coa cariña pegada

ao móbil na escuridade.

Como se a xente

non tivera máis que facer.

Como se a xente 

non tivera que ir traballar

que pagar a luz

que sintonizar a tele.

Ninguén me agarda.

Ninguén me soña. 

Resulta que podo voltar

sola.

Que podo agardar

por ninguén

mentres a vida non me espera.

Non van vir

por min

porque están facendo a compra.

Ou calquera outra cousa

máis importante

ou práctica e necesaria. 

Non preciso de rescates

que non levan 

a ningures.

Non preciso que me salven.

Estou sola. 

E iso é poder

e maxia

e simpleza

de autonaufraxio

e autosalvamento

de autoría

e autoedición

da miña vida

para min mesma.

19:00


Las 19:00 es una hora perfecta para que empiece el fin del mundo. Podría empezar con un disparo, con una gran explosión o con un dolor generalizado de barriga. El fin del mundo comienza detrás de ese pliegue que se forma en tu mejilla cuando te ríes de un mensaje que creíste que no te enviaría. El fin del mundo ya ha empezado. Comenzó el viernes a las 19:00, y hay gente que todavía no se ha enterado. Lo cual no consigo explicarme, dado que nos han enviado 

señales suficientes.

Miles de señales.

Se ha atascado el cd en la radio del coche

Has estado buscando las llaves cerca de un cuarto de hora sin encontrarlas

No has sabido qué ponerte

Está el tiempo loco

Te ha durado demasiado poco la batería

Pérez Reverte tiene más de millón y medio de seguidores en twitter

Te ha dolido tanto ese comentario

Has llorado con Roy Galán

Te has enamorado de un desconocido

Imperiosas ganas de comer chocolate

Te ha dolido el alma

sin saber realmente por qué

y sabiendo exactamente por qué no

Has tenido un orgasmo colosal

Has querido mandar a todos a la mierda.

Ya ha empezado.

Ha estallado el fin del mundo

junto a tu risa 

de felicidad tranquila

y por eso no me había enterado.

Pero a quién le importa

que se acabe el mundo

si tú te estás riendo.

A quién le importa

realmente

la vida

cuando queda cerveza fría 

en la nevera.

He notado en tu pestañear

ligero

que esto era el principio

de un final

agónico

y lento

que nos mata poco a poco

y que está 

lleno

de 

oportunidades

de primeras

de últimas 

veces. 

Y que es maravilloso.

Después y mañanas


Te voy a contar 

con mi lengua apoyada

en tu nuca

cómo llegar a fin de mes. 

Creo 

que no te voy a llamar 

mañana.

Sospecho que voy a sufrir

por cómo me estás

acariciando la espalda.

He reunido

todas las fuerzas que me quedaban 

para soplarte 

suave

en la barriga. 

Las sábanas

de tu cama

están empapadas de olvido

y por mucho que me esfuerce

no consigo preocuparme

ni recordar lo que he sufrido

para llegar a este orgasmo.

Me ensordecen los besos,

se me llena el alma de espasmos

y no escucho

lo que tengas que decir

del después.

Después es un monstruo 

terrible

que me come la oreja 

en una fiesta

y consigue que me vaya

para casa.

Mañana me mata

con sus cosas pendientes

y sus explicaciones

necesarias.

Estamos ardiendo 

Tu cama está en llamas.
Después

y mañana

convierten en cenizas 

lo que nadie reclama al 

domingo siguiente

que precede a la tormenta

de un lunes en pijama.

No me vas a contestar al mensaje.

Porque 

curiosamente

te llenas de sentimientos

cuando te vacías de ganas.

Y eso hace temblar al más valiente.

Pero ahora.

Ahora te tengo enfrente

y puedo deshacerte con 

las manos

y los ojos.

Puedo desnudarte de tormentas

aunque mañana lluevas

recordando 

mis mordiscos.

Puedo reír

aunque creía que ya 

no tenía ganas.

Puedo mirarte

y comprender

que tengo 

el poder

y la felicidad

coronando mi flequillo

los veinte minutos

que dura este polvo.

Puedo acorazarlo

contra 

después 

y mañanas

y críticas

y consejos

con el simple convencimiento

de que somos

libres

de querernos

de castigarnos

de herirnos

de equivocarnos

y de empezar de nuevo.

 

BURGUER KING


Ya es hora de hablar

de cuando tus brazos son tan cortos

que no alcanzan tu espalda

para abrazarte.

Vamos a hablar

de los viernes por la mañana

después de un jueves universitario.

Del papel arrugado

del Burguer King

en la mesilla,

de la dolencia 

imperdonable

del lado vacío de la cama.

Hablemos del que no ama

el cuerpo que cubre su pena

una tarde de domingo

sin planes, en el sofá.

Hay que nombrar a veces

a la culpa que nos da el coñazo

timbrando como una loca

cuando quieres fingir que no hay nadie

en casa.

No veo por qué

no se puede hacer poesía

de la vergüenza.

De lo miserable que eres por ser tú.

De cuando no te ve nadie. 

De cuando lloras 

con mocos colgantes

como lianas 

donde se mece

tu escasa dignidad.

De cuando vomitas asqueada

de la gente y de la vida.

Ya te has dado cuenta

de que todos están hablando

de que tu instagram 

es una mentira.

Es hora de reconocer

que sólo te tienes a ti mismo,

y que eres un coñazo.

Con pies torcidos

y caderas anchas

o con ganas irrefrenables

o con miedo absoluto 

ademas de tus gilipolleces

ademas de todo lo que tienes 

que decir

que no le importa

a nadie.

No veo por qué

no se puede hacer poesía 

del miedo

que te da

ser tu mismo y que los demás

lo sepan.

Oh innoble servidumbre de amar seres

humanos.

Qué solos nos dejan

cuando nos señalan

y se están apuntando

en un espejo

donde jamás querrían 

descubrirse reflejados.

No veo por qué

la verdad tiene que ser fea.

Y tienen que herirte 

en el pecho

las bragas en el suelo de la cocina.

Los mensajes de madrugada

que te quemaban las manos

y les falta sal

cuando ya ha salido el sol.

No haber hecho nada salientable

en tu día libre.

Que te guste tanto

tanto

lo que repulsa 

a los intolerantes. 

No veo por qué no son poesía

tus valientes miserias.

Tu saliva

Tus tacos

Tu verdad

encima de la mesa

abierta en canal

para todo el que quiera verla.

Domingo de feira


Merqueite

nunha feira de domingo.

Repousabas coa face revirada,

cun xesto tenro de noxo, 

mergullada nun mar de cousas 

de segunda man.

Coma ti.

Usada e gastada

pola vida e os prantos

que che fixeron durmir no sofá 

as máis das noites

que non houbo quen te levara 

para a cama.

Collinte coas mans

e acariñei un cabelo suave

que contrastaba cos teus ollos

cheos de ferida e humidade.

Merqueite polo prezo que pediron,

pero podería ter pagado máis.

Pagaría toda a prata

todos os euros

toda a vida estaría pagando unha cuota

con elevados intereses

e comisión de apertura

por levarte para a casa.

Leveite sinxela

mais rebelde,

leveite cos teus berros

e con esa manía incontrolable

de querer morrer coas ausencias que deixaban

as historias dos libros

no teu peito.

Leveite distinta ás demáis

e igual a todas as que soñara.

Viñeches contenta máis desconfiada

e revolviches toda a casa

e a miña meticulosa orde

voou coa túa roupa interior

por riba da cama desfeita.

Leveite coma quen leva

un tesouro abandonado

que outro desgraciado non quixo,

non soubo valorar,

non tiña nin idea de tasacións

de artículos de luxo,

de relevantes obras de arte.

Pero o tempo é un gran burlador

que ri ás gargalladas esperando 

os resultados

das súas reviradas fazañas.

E non sei como

nin por que

pero atopeime desexando

un silenzo eterno para os teus berros.

Obsesionábame a orde

dos cadros da parede,

as náuseas que me producían

as manchas de café do sofá,

o teu cabelo despeiteado de domingo.

Desexaba desfacer

o teu xesto de desconfianza

e a humidade deses ollos

que me destrozaba as entrañas. 

Quixen redecorar o salón

da túa personalidade,

para ver se así atopaba

nalgún oco das vísceras

aquel amor que sentira

a primeira vez.

Refíxente dunha forma tal

que até che cambiei as cellas

de sitio

e puxen alí os beizos

e onde ían as orellas

puxen o nariz

e así até cambiarte

transformarte

mutarte

nunha muller que puidera amar

de verdade.

Pero cal foi a sorpresa

para a miña humanidade

baleira

de propósitos e obxectivos,

cando amencín desexando

amencer de novo contigo.

Cando descubrín que botaba de menos

coa desesperación dun mozo

enfermizo de paixón

asasinado polos ciúmes

babexando barbaridades

o teu cabelo suave. 

Cando quixen morrer de pena

e morrín de saudades.

Eu só quería atopar intacta

á muller que mercara

a prezo desmedidamente baixo.

Escollinte con esmero

mais esforceime por cambiarte.

Descubrín que era 

un deses que non valoran a arte,

dos que abandonan en vertedoiros

pezas fermosas de colección,

dos que non valoran o que teñen diante.

Descubrín que era un panoco.

Que era como os demáis.

Foi entón cando me culpei

desta triste soidade.

Cando caín

e mudei

e quixen autofustigarme.

Foi entón cando soñei

cun domingo de feira

para sair

a buscarte.